Burbujas o también llamadas pompas de jabón, al parecer simple resultado de la fusión del agua y el detergente, sumados a un empuje decisivo del aire que se mete en su interior y le da su forma.
Son contados quienes no se han visto tentados por la magia de dar origen a estas intangibles creaciones de tamaños variados, que al mirarlas con atención reflejan en si mismas el color del arcoiris.
Por lo general nunca se sabe cuanto tiempo durarán suspendidas en el aire sin ser desintegradas, tal vez eso haga que quienes las aprecian lo hagan con mayor intensidad disfrutando plenamente su existencia, sabiendo que en cualquier momento desaparecerán.
Hay quienes, evitando ser desprevenidos por el desvanecimiento de las mismas se anticipan al hecho, y las atrapan con sus manos desintegrándolas de inmediato, buscando luego en sus palmas algo de ellas, como creyendo en el fondo que poseen algo mágico en su ser.
Pocos son, pero están, los que aprecian desde su lugar, sin decirle nada a nadie, aquellas que duran eternamente. Estas son las más invisibles.
La alta transparencia y el diminuto tamaño son cualidades que poseen aquellas que dan las sensaciones de eternidad.
Sin lugar a dudas la intangilidad hace a su máxima belleza, tal vez el hecho de no poder palparla, agarrarla, poseerla es la virtud donde reside la causa de máxima abstinencia en sus apreciadores. Como explicar la belleza de algo que ya no esta, que solo yo vi y que a su vez jamás nadie podrá ver algo exactamente igual…?
Hay quienes dicen que cada burbuja que uno crea, es como el sueño que cada uno anhela, y al echarlas a volar se depositan allí sus sueños. Tal vez por eso sea que cada cual intenta ver hasta donde esa burbuja se mantiene viva, para saber si es que aun esos sueños se podrán cumplir. Por eso mismo están quienes simplemente se preocupan por dar creación a esa belleza intangible, echándola a volar y de inmediato giran su rostro con la certeza de que ella volará por ahí eternamente, conservando así viva la existencia de sus sueños.