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Diariamente miles de personas eligen el sector del Parque de Mayo a orillas del arroyo Napostá para realizar actividades físicas acompañadas de aire puro y un paisaje natural.
Lo cierto es que en los últimos días se evidencia, por distintas razones, la abundancia de residuos nocivos para el ecosistema.
Distintas son las opiniones de los caminantes que en el día a día visitan el lugar, pero en el fondo, todos concuerdan en que el arroyo ha dejado de ser un escenario naturalmente saludable.
Hoy la abundancia de plásticos y desechos tóxicos han hecho del arroyo un lugar inhabitable para la fauna que en algún momento encontraba aquí un lugar de residencia.
La gente ya no ve garzas, gayaretas o biguas, asi como tampoco bagres, Percas o dientudos, por el contrario se observan en abundancia botellas plásticas, así como también de vidrio, bolsas de nylon y demás objetos que claramente afectan la calidad del entorno.
Las causas de este hecho lamentable podemos encontrarlas tal vez en:
- la inconsciencia de la gente que luego de disfrutar de un día en familia en el parque arroja sus desechos en lugares no debidos
-la lamentable actuación de los boliches bailables que todos los fines de semana despiden de su interior a miles de adolescentes con botellas, vasos plásticos, cotillón y papelería sin siquiera realizar tarea alguna de limpieza al menos en su zona de influencia.
La realidad nos indica que el arroyo nunca antes había estado en las condiciones de contaminación en las que se encuentra hoy.
Hay gente que pasa frente a él con aires de indiferencia,
hay gente que se avergüenza de tener un lugar tan sucio en la ciudad,
están quienes miran de reojo el arroyo con aires de nostalgia de lo que alguna vez fue, y hay de aquellos que aunque no lo crean, diariamente y desde hace ya un tiempo, visitan el lugar en busca de la pesca.
En los últimos días, apareció un caso, al parecer muy particular. Un joven que decidió a capa y espada, con un par de guantes y unas bolsas de consorcio, emprender la ambiciosa tarea de limpiar el arroyo en su totalidad. Desde la compuerta del parque hasta el entubado del paseo de las esculturas. Este joven explicaba el por que de su actitud en el noticiero local: “ Si en este lugar con tanta mugre había vida. Seria bueno colaborar” “ Es muy triste, por que en realidad la gente es como que te ignora”.
En 500 metros, recolectó 60 bolsas de consorcio, aproximadamente 500 botellas plásticas, 400 vasos, 4 cubiertas de automóvil, un calefón, un televisor, un motor de auto y dos bicicletas.
La gente al pasar preguntaba: ¿Y para qué hace eso? ¿Alguien le paga? ¿Qué busca? ¿Vende botellas?. Al parecer algo que resulta tan obviamente necesario, la gente de hoy lo ve como irracional, sin sentido. Quizás esta sociedad en la que vivimos nos haga pensar en términos utilitaristas, y es así que la gente al pasar cuestione:
¿Y para qué limpia el arroyo? ¿Le págan por eso? ¿Con qué sentido lo hace?
Les resulta inentendible , que alguien decida hacer algo, sin fines de lucro, para que un lugar que es de todos, sea mejorado. Y en ese gesto piense simplemente en los demás.
A lo mejor la actitud de este joven nos sirva para darnos cuenta que si queremos cambiar algo, el cambio justamente empieza por nosotros.
Tal vez resulte insignificante no arrojar el papel de un caramelo al piso, así como también no juntar aquel que otro tira, lo cierto es que si cada uno de nosotros contribuimos con actitudes simples alcanzaremos grandes logros.
Es necesario cuidar este lugar tan preciado que nos perteneces a todos.