
Siempre es conmovedor el ocaso
por indigente o charro que sea,
pero más conmovedor todavía
es aquel brillo desesperado y final
que herrumbra la llanura
cuando el sol último se ha hundido.
Nos duele sostener esa luz tirante y distinta,
esa alucinación que impone al espacio
el unánime miedo de la sombra
y que cesa de golpe
cuando notamos su falsía,
como cesan los sueños
cuando sabemos que soñamos.
J.L.B 1923
Hola hermano de la vida....aqui me tienes desde Madrid....en dias regreso con un monton de palabras que dicen...que aclaran...y quizas un poco más....
ResponderEliminarExtraño nuestras charlas...
un abrazo. J.M.