martes, 15 de febrero de 2011

A veces pensamos que la televisión y la computadora nos conectan con el mundo exterior, y en realidad lo único que nos generan es un aislamiento, al decir de Ernesto Sabato“...en verdad nos arrancan la posibilidad de convivir humanamente...”
El ser humano depende de otro ser humano para vivir. O sea que, relacionarse con los demás es fundamental para su desarrollo. Pero últimamente el ser humano por distintas razones ha ido perdiendo ese esencial encuentro humano.
Podemos decir que, este mundo posmoderno en el que vivimos trajo consigo la conformación de un incipiente « virtualismo « que, al parecer, actúa en desmedro de las relaciones y vínculos interpersonales.
No escasean las voces añejadas que a menudo dicen: ….”es que antes los niños pasaban horas en el potrero o en el club y ahora reposan anestesiados frente a una pantalla…”. Algo de cierto hay en esto. En los tiempos que corren, resulta más común jugar a las cartas on line que acudir a un torneo en un club de barrio. Se ha vuelto moneda corriente el hecho de que dos personas de distintos lados del planeta se enfrenten en red en algún desafío virtual, sin siquiera saber nada del otro contrincante. De la misma manera, uno puede manejar su vida desde su computadora, sin tener vínculo alguno con una persona.
En resumidas cuentas, personalmente concuerdo con el pensamiento de esas voces experimentadas, amantes de lo rústico y lo artesanal: se ha ido perdiendo poco a poco el encuentro humano cara a cara.
Justamente en su libro La resistencia, Ernesto Sábato pide a gritos que la sociedad resista ante la pérdida de la esencia humana; es decir, insta a la humanidad a no resignarse a perder aquellos pequeños contactos humanos que pueden llegar a ruborizarnos, sonrojarnos, conmovernos, a hacernos sentir vivos; lo que podríamos llamar de alguna manera: arder la vida.
Sin embargo, últimamente me han sucedido hechos humanamente increíbles a través de Internet. Diversos contactos me posibilitaron generan vínculos eternos en cuestión de segundos con personas que momentos previos eran, claramente, individuos desconocidos.
Con esto quiero decir que a veces este virtualismo catalogado de “antihumano” o “defenestrador de acercamientos reales” nos posibilita generar relaciones sanas, humanas, enriquecedoras, pero por sobre toda las cosas, humanamente sorprendentes.
Para ser más preciso, quiero hablar de tres nuevos sistemas vinculados a los modos de viajar que funcionan de manera virtual.
Uno de ellos es el denominado Co-voiturage. Se trata de un sistema de anuncios on line en el cual los propietarios de vehículos publican sus próximos recorridos de ruta. De esta manera, se publica en la web el trayecto a realizar y las plazas disponibles en el vehículo para que aquel viajero que esté por hacer el mismo viaje se sume como pasajero de compañía. El beneficio de este sistema resulta ser general: se comparten los gastos de combustible, el conductor recibe pasajeros que le harán el viaje más ameno y el viajero sigue camino a través de un medio de transporte más económico.
En mi caso, utilicé este sistema de traslado cuando viajé desde Nantes hasta Toulouse (700 km aprox). Compartí el viaje con un francés que jugaba al tennis y con una rusa que residía en Francia hacía un año. Luego de unos pocos kilómetros transcurridos pasamos de ser simples “desconocidos-cyber” a compartir un gran vínculo que nos permitió generar un grado de confianza tal que favoreció a que ambos me ofrecieran sus hogares como alojamiento para mi estadía. Es extraño ya que es cierto que seguramente no vuelva a verlos nunca más en mi vida, pero lo cierto es que ese virtualismo tan vapuleado nos generó ese espacio de confraternización que fue clave para crear un clima de viaje cargado de confianza y respeto hacia el otro.
Otra de las modalidades es conocida como Couchsurfing. Consiste en un programa de hospedaje para viajeros que funciona también a través de una web. En esa página, cada viajero debe confeccionar un perfil en el que ofrecerá la información necesaria para que cualquier miembro pueda comunicarse con él y así obtener hospedaje gratuito en cualquier ciudad del mundo.
Por mi parte llegué a Toulouse a las 20 hs, y una hora más tarde ya estaba en el hogar de una chica francesa cenando casi en familia, totalmente integrado. ¿Cómo establecí ese contacto? Simplemente le escribí un mail consultándole si podía quedarme en su casa dos noches y de inmediato me respondió que con gusto me hospedaba.
Este es otro caso que demuestra cómo dos personas desconocidas, de distancias remotas, pueden establecer un contacto fraterno a través de esta fría virtualidad generando un vínculo perdurable. Hoy, o cuando quiera que sea, ella y yo sabemos que ambos tenemos un lugar en el mundo; yo en Toulouse y ella en mi casa de Argentina.
Por último, existe otro sistema que últimamente ha cobrado mucha importancia, sobre todo en Francia, que consiste en intercambiar casas para ir de vacaciones. Es decir, por ejemplo, supongamos que una familia francesa decide irse de vacaciones a Italia, y una familia italiana decide venir a Francia. Luego del contacto en la web, se coordinan los detalles del encuentro y, de esta forma, intercambian sus hogares tal y como se encuentran por el tiempo que se haya estipulado. En muchos casos, el intercambio de espacios incluye hasta el vehículo familiar. En esta ocasión, la familia francesa se va en auto hasta Paris, deja su vehículo en el aeropuerto y lo mismo hace la familia italiana que viajará Francia. Al finalizar la estadía, las casas por lo general se dejan como están, por lo cual, es necesario que se genere confianza entre ambos grupos familiares.
Aquellos que forman parte de este sistema confiesan que en sus comienzos tenían ciertos miedos acerca del funcionamiento, pero con el tiempo y gracias a la experiencia sumamente positiva resultante de casos anteriores, los miedos se diluyeron y hoy no dudan en recomendar el efectivo sistema.
Sinceramente entiendo que son reglas que no funcionarían en cualquier país del mundo. Aun sabiendo que puede llegar a ser una experiencia formidable conservamos cierta incertidumbre: ¿Cómo es eso de darle mi casa o mi auto a una persona que no conozco?. Sin embargo, existe eso de querer palpar más las cosas…
En esencia y en el trasfondo de estas nuevas modalidades de viajar reina una idea que, de perdurar, haría de este mundo un verdadero paraíso en el cual se tratarían a los otros desconocidos como verdaderos hermanos. Creo que, sin lugar a dudas, allí reside el auténtico camino que nos puede conducir a un mundo más humano y más respetuoso de la otredad.

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