Aquel que siempre esta.
Podemos irnos a cualquier lugar, el tiempo que querramos, volver cuando sea, a la hora que sea, con el tiempo que sea, pero siempre vamos a tener la certeza de que el alli estara.
El es inmenso, y eso nos da por momentos paz, pero por otros no las quita. Cuando esta tranquilo nos sentimos tranquilos, y cuando esta enfurecido nos sentimos ahogados o con miedo. Es muy raro, tiene la virtud de que aun en los momentos en los que esta enfurecido, enrarecido, iracundo, violento sigue siendo muy bello.
Impone respeto y al mismo tiempo nos seduce y nos cautiva invitandonos a descubrirlo.
El tiempo frente a el parece no tener sentido, parece uno no cansarse de mirarlo, y nuestros ojos van y vienen, se detienen, intentan abarcarlo.
Ese deseo parece estar siempre presente, intentar abarcarlo, delimitarlo. Para que? No nos conformamos con saber que siempre estara en ese lugar?
Tiene un perfume, podemos sentir el aire que nos llega, tiene un sonido...y si...asi se expresa. Puede uno estar lejos del mar, sin verlo, pero sentirlo...ese aire se reconoce, se distingue..y asi antes de verlo, decimos..ya se siente el aire de mar...no se que tiene pero es distinto.
Y ese sonido, esa utopia eterna, que avanza y retrocede, pero que a la larga sabemos que cada dia esta mas cerca.
La ciudad sobreprotegida, amurrallada, por momentos alejada, parece tener un vinculo extranho con ese fenomeno tan humanamente natural. La marea crece en cuestion de minutos, achica la distancia, relativiza todas las murallas, y cada una de las viviendas de la costa escucha como las inmensas olas golpean y rompen contras los muros.
El mar parece enfurecido, se muestra peligroso, intimida pero nunca deja de cautivarnos...que increible pensar que aquel que ha vivido siempre alli, por las noches para dormirse necesita escucharlo de fondo golpeando contra los muros...
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